Las joyitas de la Feria de Vinos

La Feria Vinos de Chile cumplió 17 años. Y, como dijo el propio gerente general, “después de vivir un siglo”. El guiño a Violeta Parra –tan de moda en estos días, por cierto– no parece una metáfora. En el hotel Plaza San Francisco, casa del evento desde sus inicios, –con lógica de sobra, ya que es un proyecto propio– parece haber renovado los espacios, dejándolos más luminosos, ordenados, incorporando como siempre la clásica pileta de agua, pero agiornandola de manera particular. Es una linda feria de vinos. La única del centro, de hecho. La respuesta de las bodegas suele ser masiva y muy buena, y casi todas cuentan con los enólogos al menos durante un par de horas. Este año se trató de una feria que logró reunir a más de setenta bodegas con cerca de 400 etiquetas. Bastantes, para el poco tiempo. Aunque siempre queda algo en el reloj de arena para esas joyitas que aparecen y que la feria nos alumbra cada año. Esta vez nos pudimos topar con Talinay 2009, un chardonnay de la viña Tabalí que ya habíamos catado, pero que no nos deja de sorprender. Nada de chardonnay goloso, amantequillado. Muy por el contrario, se trata de un chardonnay vibrante, mineral, de exquisita acidez –casi filuda– y notas salinas y de calcio, muy propias de esos suelos del Limarí. Luego, el iLatina –de la enóloga Irene Paiva–, que luego de su syrah lanzó su carmenère 2009, un vino sabroso, goloso, con notas terrosas y a la vez frutosas –mucha fruta negra– y especias dulces. Eso sí, los 14,5% de alcohol se notan, así es que la temperatura es crucial para disfrutar este vino. No más de 17 grados. 18 como mucho. Lagar de Bezana mostró su Porfiado 2010, una interesante mezcla de garnacha, mourvedre y syrah, estructurado y de una nítida fruta, que sin duda mejorará con los años. Otro, y que incluso necesita más botella –para que todos los sabores se ajusten–, es el Polkura malbec 2009, un tinto de taninos potentes, marcados, con mucha fruta negra y un alcohol alto (14,5), por lo que postula para paladares extremos. En un estilo elegante y diferente aparece Flaherty, esta vez con una mezcla tinta 2009 de syrah, cabernet sauvignon y carmenère. Un vino jugoso, profundo, lleno de notas que recuerdan a una infusión de flores de hibiscos, sumado a mucha fruta roja, exquisita, definida y lúdica. Si ven alguna de estas joyitas, no duden en darles una oportunidad. Cada una, en su estilo, vale esa aventura.